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	<title>Blogsiana &#187; Soñé que era otra</title>
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		<title>Blogsiana &#187; Soñé que era otra</title>
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		<title>Proyecto Blogger</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Sep 2007 08:39:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>blogsiana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Memes]]></category>
		<category><![CDATA[Soñé que era otra]]></category>

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		<description><![CDATA[La estafeta ha recorrido estos caminos: 
Virginia: http://lesstapatia.blogspot.com/
Tutti Music: http://roxymusic-soledadesporadica.blogspot.com/
Bugman: http://buguert.blogspot.com/
Chumina: http://chumina.blogspot.com/
Freaka: http://freaka84.blogspot.com/
Amorexia: http://amorexia.ticoblogger.com/
Soliloquio Exótico: http://soliloquioexotico.blogspot.com/
Lencha: http://memoirsofalencha.blogspot.com/ 

Mi participación en la carrera de relevos comienza aquí: 
– Antonio – suspiró Camila antes de desplomarse entre las sombras de Mariana y Mauro, sombras proyectadas por la luz que entraba a través de  la puerta abierta.
Los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=blogsiana.wordpress.com&blog=617288&post=82&subd=blogsiana&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="justify"><em>La estafeta ha recorrido estos caminos: </em></p>
<p align="justify"><em>Virginia: <a href="http://lesstapatia.blogspot.com/" target="_blank">http://lesstapatia.blogspot.com/</a><br />
Tutti Music: <a href="http://roxymusic-soledadesporadica.blogspot.com/" target="_blank">http://roxymusic-soledadesporadica.blogspot.com/</a><br />
Bugman: <a href="http://buguert.blogspot.com/" target="_blank">http://buguert.blogspot.com/</a><br />
Chumina: <a href="http://chumina.blogspot.com/" target="_blank">http://chumina.blogspot.com/</a><br />
Freaka: <a href="http://freaka84.blogspot.com/" target="_blank">http://freaka84.blogspot.com/</a><br />
Amorexia: <a href="http://amorexia.ticoblogger.com/" target="_blank">http://amorexia.ticoblogger.com/</a><br />
Soliloquio Exótico: <a href="http://soliloquioexotico.blogspot.com/" target="_blank">http://soliloquioexotico.blogspot.com/</a><br />
Lencha: <a href="http://memoirsofalencha.blogspot.com/" target="_blank">http://memoirsofalencha.blogspot.com/ </a><br />
</em></p>
<p><em><strong>Mi participación en la carrera de relevos comienza aquí:</strong> </em></p>
<p>– Antonio – suspiró Camila antes de desplomarse entre las sombras de Mariana y Mauro, sombras proyectadas por la luz que entraba a través de  la puerta abierta.</p>
<p>Los faros de un automóvil los miraban fijamente desde la calle, delineando una figura a contraluz que avanzaba hacia la pareja semidesnuda.</p>
<p>– Ustedes no pierden el tiempo – dijo la voz con un dejo de cinismo. – Pensé que despertaría acompañada, pero ahora veo que soy la perra de las dos tortas.</p>
<p>– ¿Adriana? – preguntó Mariana avanzando hacia la sombra.</p>
<p>– Vaya, ¿qué no sería obvio que soy yo? – Adriana dio unos pasos hacia la luz.</p>
<p>Mariana se detuvo en seco cuando la iluminación hizo evidente que Adriana aún sostenía la pistola apuntando hacia el frente.</p>
<p>– ¿No me esperaban? Quizá me doy demasiada importancia. Seguro citaron a otra tonta para meterla en sus juegos. Con una muerta – Adriana señaló el cuerpo inerte de Camila con la pistola, – y la comatosa – dirigió la pistola hacia su propio pecho – debe ser difícil entretenerse. Ustedes necesitan variedad.</p>
<p>Mariana aprovechó la tregua del cañón para salvar los pocos pasos que la separaban de la mujer que hasta hace unos momentos creía perdida.</p>
<p>– ¡Adriana! – gritó Mariana al unísono con un balazo que resonó por las paredes.</p>
<p>Las dos mujeres unieron sus labios con la pasión de los que han sobrevivido a una tragedia, con el revolver entre sus cuerpos apuntando hacia la pared. El disparo había sido sólo un reflejo errado, al igual que la afortunada bala que se había clavado en el muro sin herir a nadie. Mauro las miró sumido en un trance de ecos e incertidumbres.</p>
<p><em>Ahora toca a La Ninfa Vouyerista amarrar este lío en:  <a href="http://laninfavouyerista.blogspot.com/" target="_blank">http://laninfavouyerista.blogspot.com/</a></em></p>
<p><em>Puedes leer el texto recopilado en sus 9 entregas a continuación:</em> <span id="more-82"></span></p>
<p>Hemos estado corriendo en círculos varias horas sin parar, el clima frío y húmedo del pueblo nos impide movernos ágilmente, las calles lucen tan solitarias y lóbregas, no vemos por ningún lado señales de vida y en medio de esta oscura neblina puedo ver tres sombras que se aproximaban sigilosamente hacia nosotras, Adriana temerosa, toma mi mano, un sudor helado recorre nuestra piel.</p>
<p>No recuerdo como de pronto nuestro viaje se torno tan confuso y lleno de espectros, habíamos planeado estas vacaciones desde varias semana atrás y todo parecía perfecto, los primeros días fueron increíbles, las noches en la plaza del pueblo, la gente, todo ese folklore y calidez de provincia que hoy se convirtió en un funesto submundo, impregnado de un silencio escalofriante, y estas calles que recorremos sin parar y que inevitablemente y de una forma extraña y misteriosa siempre nos conduce al punto de partida.</p>
<p>Y en medio de esta tétrica nada, esas sombras que siguen acercándose…</p>
<p>Solo un disparo fue lo que escucharon, se miraron fijamente&#8230; en ese instante se buscaron en la oscuridad y todo aparentaba estar bien&#8230; caminaron despacio&#8230; Adriana se soltó de la mano de Mariana y se perdió en ese momento, cuando regreso a buscarla, la encontró tirada en el piso, la bala había encontrado su destino.</p>
<p>No le importo que los enemigos la vieran, la tomo en brazos y salio corriendo, llorando, implorando ayuda, las sombras quienes las tenían aterradas habían desaparecido inmediatamente.</p>
<p>3 meses de angustia vivió Mariana al lado de Adriana, solo un hospital y el acierto de los médicos los cuales dijeron que ya no se podía hacer nada mas, el estado de coma era irreversible, aun no comprendía que fuerza o alma tan envenenada pudo haber hecho eso, solo sabia que Adriana había muerto y la historia de amor entre ellas había terminado.</p>
<p>Pasado el tiempo Mariana volvió a su vida habitual, hasta que un día, saliendo del centro de investigaciones donde trabajaba, camino a su casa tuvo la misma sensación de aquel día con Adriana, sentía como si personas se asomaran en las esquinas para esperarla, tenia temor cada que terminaba una calle, corrió muy rápido bajo la lluvia, tomo el primer taxi que encontró y por fin llego a su casa, toco como desesperada, Mauro, su esposo, abrió la puerta.</p>
<p>A sus 45 años, Mauro había aprendido que la vida podía ser lo más parecido al guión de una película de bajo presupuesto. Los últimos meses había encajado una revelación demoledora tras otra hasta alcanzar una especie de estado disociado en el que se sentía como un espectador de todas las cosas. De otra manera no se explicaba cómo había aceptado con la calma de un asceta que su mujer había tenido amoríos con otra mujer que en un episodio confuso (problemas de producción, se decía, las películas de bajo presupuesto no permiten repetir escenas) había resultado baleada y ahora estaba en coma.</p>
<p>Se miró al espejo y lo que vio no le agradó del todo. &#8220;Estoy hecho una vaca&#8221;, pensó. Y agregó con una sonrisa amarga: &#8220;Con cuernos y todo&#8221;.</p>
<p>Mauro pensaba que la película en la que se había convertido su existencia estaba perdiendo ritmo, había caído en un impasse en el que nada sucedía. Desde su imaginaria butaca de espectador, empezaba a aburrirse. El tedio era aún peor que la zozobra, era ponzoñoso, Mauro reclamaba gentil acontecimiento.</p>
<p>Por eso cuando abrió la puerta y encontró a su esposa mojada, jadeando y con los ojos saliéndosele de las órbitas, no pudo reprimir una media sonrisa.</p>
<p>Mariana hizo una mueca al ver la sonrisa de Mauro, respiró profundo y cerró los ojos tratando de concentrarse, pero en su mente sólo resonaba una frase:</p>
<p>- El reggaetón es súper guapo- soltó.<br />
- ¿¿Qué??- respondió Mauro extrañado.<br />
- No, no es eso lo que quería decirte&#8230;<br />
- ¿Estás tratando de burlarte de mí?<br />
- No, vengo a decirte algo…<br />
- Yo sé que vas a decirme -Mauro frunció el ceño- sé que eres lesbiana y que me engañaste con una mujer, me lo han dicho ya.<br />
- No, no es eso lo que vengo a decirte, vengo a decirte que sé que tú me engañaste primero, sé que te enamoraste de una mujer, que anduviste con ella más de un año a mis espaldas y que te rompió el corazón porque te dejó por alguien más. Vengo a decirte que te dejó por mí, porque yo así lo quise.</p>
<p>Mariana estalló en llanto. Mauro miraba hacia el suelo, aturdido, con el rostro paralizado, sin saber que decir.</p>
<p>- Vengo a decirte –continuó Mariana- que lo único que quería cuando seduje a Adriana, fue vengarme de ti y hacerte sufrir tanto como yo. Pero me salió mal, todo mal, me enamoré de ella como nunca me había enamorado y aquello que nació de la rabia y el dolor se transformó en algo bueno, en algo que nunca había sentido antes por ninguna persona. Y ahora ella ya no está&#8230;</p>
<p>Mauro comenzó a sollozar y el llanto incontenible de Mariana se mezcló con el suyo. Mariana se dobló de dolor y Mauro la tomó de los brazos para sostenerla. Casi sin pensarlo, terminó abrazándola.-.-</p>
<p>Mauro la sostenía por la espalda y Mariana confiaba en que esta vez se tornaría diferente, pues en realidad había probado la calidez del amor en los brazos de Adriana y estaba decidida a dejar su relación con Mauro.</p>
<p>Mariana escucho ruidos que venían de la habitación.</p>
<p>-¿Hay alguien en casa?, pregunto Mariana.<br />
-No, estoy solo.</p>
<p>Se abre la puerta de la habitación y sale Camila, la amante de mauro, ¿Qué pasa? Pregunta desconcertada.</p>
<p>Mariana se enfureció y comenzó a golpear desesperada a Mauro, pues creía que sus lágrimas habían sido tan falsas como la relación que sostenían, Mauro detuvo sus golpes sosteniéndola de las muñecas, y de la nada comenzó a besarla mientras la subía bruscamente a la mesita de centro de la sala, Mariana no podía contener la excitación y comenzó a corresponder los besos caníbales de Mauro mientras él desabotonaba su blusa y apartaba su ropa interior para introducir su miembro erecto dentro de ella, mientras la penetraba Mariana enterraba sus uñas en la espalda de Mauro, la ira contenida hacía que el deseo incrementara, por fin ambos lograron llegar al clímax del acto y como de costumbre fue espléndido.</p>
<p>Camila entendió que era solo un fantasma, que ni a Mauro ni a Mariana le importaban sus sentimientos o su presencia, Mariana parecía indiferente ante esta nueva traición, mientras de golpe, la mirada de Mauro le decía que en ella solo pudo siempre volcar sus fantasías y sus recuerdos de Adriana, y por supuesto de su esposa&#8230; pero como decirle? Como hacerle entender que después de lo que había visto ya no les servía para nada? Mariana, la mujer que había poseído por última vez a la increíble Adriana estaba de vuelta con él, a pesar de todo, aunque fuera solo una relación sostenida por el sexo, pero a fin de cuentas lo de Camila era lo mismo, solo que sin la pasión y la magnífica excitación que esas dos mujeres, Adriana y su esposa; le daban, ahora contenidas en un solo cuerpo, el mismo que acababa de poseer mientras su amante observaba. Ella, insolente y rebelde como siempre, criatura fría y sin mas sentimiento que un egocentrismo acumulado desde que aprendió a manejarse como mujer, llena de odio por la humillación, no razonó y de forma tajante clavo la estaca que desdibujo sus sonrisas y caras satisfechas instantáneamente: “fui yo quién les arrebato la mujer que tanto aman, desde que aquel día te atreviste a decir su nombre mientras lo hacíamos” Mariana perturbada y traicionada de nuevo sintió un frío en el espinazo y entendió por que esa misma sensación de la noche en que perdió a Adriana había vuelto a ella ese día, aterrada vio la sombra de un revolver sostenido por Camila apuntarle a la cabeza, mientras gritaba “tampoco la tendrás a ella!” Mauro aterrado vio dos sombras pararse atrás de Camila, justo cuando esta disparaba.</p>
<p>Dicen que cuando vas a morir ves pasar tu vida, o al menos los momentos más importantes frente a ti, eso no es cierto… Sólo puedes concentrarte en un recuerdo o en los ojos de quien está a tu lado en ese instante… Y eran los de Mariana, aquellos que contemplé antes de perder la conciencia… Hoy el silencio me tiene atrapada en el cuerpo, en el limbo, en la ausencia…</p>
<p>Mi historia se ha gritado por los protagonistas, por Mauro y Mariana, por dos almas que dividieron mi corazón para enamorarlo locamente de la rara belleza de la mujer de mi hombre… Pero yo ya no existo más que en un recuerdo, no tengo siquiera voz en sus historias más que por sus propios sonidos o letras, me abandonaron, me botaron en la incertidumbre de la nada, exactamente donde mi mente se ahogó en la hidrocefalia que cundía mis pensamientos… Y no pude expresarlos por última vez… Morí sorpresivamente…</p>
<p>Y si ellos han podido confesarme, ojalá supieran que me han arrancado el corazón y se devoraron mis secretos, al menos en vendetta podría defender mis latidos, pero qué les importa ya, sólo les interesaba el “cuando lo hacíamos”; y jamás se detuvieron a pensar por qué mi pulso se precipitaba más con uno que con otro… Es inútil que ahora, que no estoy presente en esencia ni en cuerpo, me lo cuestionen, me lo indaguen o sepan realmente a quién le pertenecía la sangre que corría a través de mis transparentes venas… Sólo un nombre, sólo un alma, sólo una persona se desvaneció cuando morí, se salió de mí finalmente&#8230; Mi amor secreto por mi abuelo Antonio, mi único ser deseado…</p>
<p>El ver a Mauro y a Mariana teniendo sexo de manera salvaje me hicieron recordar al abuelo Antonio&#8230;ohhh el abuelo&#8230;..hace muchos años yo estaba en mi habitación, pero escuche ruidos me acerqué por el pasillo, ya era yo una adolescente y los cambios se notaban&#8230;pero esa vez fue diferente, acaba yo de bañarme, creí que no había nadie en casa y escuché pasos..me apresuré a salir y me acerqué a la habitación que estaba al final de la casa&#8230;.</p>
<p>Me quedé pasmada, afuera de la habitación.. la puerta estaba entreabierta y ahí él&#8230;mi abuelo, cuyo cuerpo era de un ex-marino, muy atlético a su edad, completamente desnudo&#8230;.era la primera vez que yo veía el cuerpo de un hombre con su pene totalmente erecto y al voltear a la derecha, sobre la cama, postrada estaba Marintia, la madre de Adriana, era nuestra vecina y yo sólo podía pensar en qué estaba haciendo esa mujer ahí desnuda, con las piernas abiertas frente a mi abuelo que estaba parado agarrandose su pene y agitandolo de arriba a abajo con la mano derecha&#8230;nunca olvidaré esas escenas puesto que perfectamente recuerdo que al momento en que mi abuelo y Marintia, la vecina, estaban ahí dispuestos a entregarse, sentí una dilatación en la parte baja de mi abdomen y algo comenzaba a palpitar&#8230;</p>
<p>Mi abuelo&#8230;se acercó a Marintia, le puso los dedos sobre la vulva y comenzó a frotarla..mientras ella se erguía hacia atrás gimiendo y diciéndole cuánto lo deseaba, mi abuelo le decía que estaba muy mojada que eso lo excitaba&#8230;se agachó, mientras seguía con sus dedos en la vulva de la mujer, y comenzó a chuparle salvajemente sus senos&#8230;se metió a la boca el pezón de Marintia &#8230;los vi jadear&#8230;.se detuvo mi abuelo y se metió enmedio de sus piernas, la tomó de las rodillas y las separó&#8230;tomó su pene y se lo metió lentamente hasta que los dos totalmente extasiadoas comenzaron a moverse mientras también parecía devorarse los pechos de Marintia&#8230;.a lo lejos yo por instinto metí mis dedos a mi vulva y sentí que estaba totalmente humedecida&#8230;y pensé que todo quedaría ahí&#8230;pero no&#8230;se detuvieron mientras Marintia le decía a mi abuelo &#8220;dame más no te salgas&#8230;.no te salgas&#8221;&#8230;mi abuelo la agarró de las caderas y la volteó..la puso en cuatro y la comenzó a penetrar nuevamente &#8230;.yo estaba ahí viendolo todo&#8230;tocandome mis partes&#8230;.</p>
<p>Sentí los deseos de que alguien me hiciera sentir lo que Marintia sentía en ese momento..cuando de repente sentí como unas manos aprisionaban mis pechos por detrás&#8230;era Ramiro, mi primo, 3 años mayor que yo&#8230;tomó mi mano e hizo que le tocara su miembro completamente duro&#8230;y haciendome una seña de que no hiciera ruido..me condujo hacía mi habitación&#8230;..me besó&#8230;me puso su lengua en las orejas&#8230;me recostó y haciendo a un lado mi pantaleta, separandome las piernas&#8230;puso su lengua dentro de mí&#8230;.<br />
– Antonio – suspiró Camila antes de desplomarse entre las sombras de Mariana y Mauro, sombras proyectadas por la luz que entraba a través de  la puerta abierta.</p>
<p>Los faros de un automóvil los miraban fijamente desde la calle, delineando una figura a contraluz que avanzaba hacia la pareja semidesnuda.</p>
<p>– Ustedes no pierden el tiempo – dijo la voz con un dejo de cinismo. – Pensé que despertaría acompañada, pero ahora veo que soy la perra de las dos tortas.</p>
<p>– ¿Adriana? – preguntó Mariana avanzando hacia la sombra.</p>
<p>– Vaya, ¿qué no sería obvio que soy yo? – Adriana dio unos pasos hacia la luz.</p>
<p>Mariana se detuvo en seco cuando la iluminación hizo evidente que Adriana aún sostenía la pistola apuntando hacia el frente.</p>
<p>– ¿No me esperaban? Quizá me doy demasiada importancia. Seguro citaron a otra tonta para meterla en sus juegos. Con una muerta – Adriana señaló el cuerpo inerte de Camila con la pistola, – y la comatosa – dirigió la pistola hacia su propio pecho – debe ser difícil entretenerse. Ustedes necesitan variedad.</p>
<p>Mariana aprovechó la tregua del cañón para salvar los pocos pasos que la separaban de la mujer que hasta hace unos momentos creía perdida.</p>
<p>– ¡Adriana! – gritó Mariana al unísono con un balazo que resonó por las paredes.</p>
<p>Las dos mujeres unieron sus labios con la pasión de los que han sobrevivido a una tragedia, con el revolver entre sus cuerpos apuntando hacia la pared. El disparo había sido sólo un reflejo errado, al igual que la afortunada bala que se había clavado en el muro son herir a nadie. Mauro las miró sumido en un trance de ecos e incertidumbres.</p>
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		<title>El Juego (en rojo)</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jul 2007 05:52:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>blogsiana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soñé que era otra]]></category>

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		<description><![CDATA[Querida Scarlett:
La última vez que nos vimos, me pediste expresamente que no te escribiese hasta recibir carta tuya, pero han pasado dos años y están por terminárseme las horas. Antes de continuar, aclaro que no desperdiciaré estas palabras en recriminaciones de ninguna clase. Por lo menos, te concedo el haber sido brutalmente honesta sobre nuestros [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=blogsiana.wordpress.com&blog=617288&post=68&subd=blogsiana&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Querida Scarlett:</p>
<p>La última vez que nos vimos, me pediste expresamente que no te escribiese hasta recibir carta tuya, pero han pasado dos años y están por terminárseme las horas. Antes de continuar, aclaro que no desperdiciaré estas palabras en recriminaciones de ninguna clase. Por lo menos, te concedo el haber sido brutalmente honesta sobre nuestros roles mutuos desde la primera vez que te acercaste a mi. Si no hubiera sido por la humedad de tus labios en mi oreja, me habría tomado un par de vidas darme cuenta que era a mi a quien conjurabas aquella noche en el bar Escocia. Andabas como una aparición, tan increíble en belleza y presencia como un trasatlántico en un charco. El tono atardecer de tu cabello enviaba chispas por la pista de baile y forzaba cada mirada hacia tu sonrisa bien delineada por el labial. La sola noción de que alguien como Scarlett, es decir, como tu, quisiera algo conmigo me resultaba un acertijo, y aún lo sería si no hubiese caído ya de lleno en el centro de la maraña. &#8220;Hoy se me antoja jugar contigo,&#8221; me soplaste al oído aquella madrugada y tu lengua serpenteó hasta que mi cabeza se doblegara en un asentimiento algo torpe. Nuestros destinos quedaron sellados en ese instante.</p>
<p>Los meses siguientes fueron una aventurilla que experimenté con el placer que regalan las hormonas de los veintidós. Te marcaba del teléfono celular al salir de la universidad y tu me dabas luz verde o amarilla. Verde: tu marido se había ido al trabajo y yo casi corría hacia tu casa. Amarilla: se le había hecho tarde y yo debía demorar el paso.  ¿Para qué te cuento esto, si tu lo sabes tan bien como yo? Quizá la nostalgia. Las ganas de recordar. Así como ahora me viene aquella tarde en la azotea de tu casa. Subimos una botella de tinto y la manta acolchonada. Jugabas a atarme las manos con tu sostén. Yo me entretenía lamiendo tus pezones. Entonces me tumbaste bocarriba y me mordiste el torso descubierto. La piel me ardía donde tus dientes se posaban. Comenzó a chispear y te miré. Goteaba rojo entre tus labios. Las marcas sobre mi vientre me sorprendieron por su colorido. Rojo. Botones de rosa florecían alrededor de mi ombligo. Sonreíste y pasaste tu mano por mi piel arrastrando el color entre tus dedos. Era sólo el labial mezclado con el tinto y la lluvia. &#8220;¿Por qué no lo dejas y nos vamos a vivir juntas?&#8221; te pregunté. Tu carcajada ahuyentó a las palomas que se guarecían en el balcón. &#8220;Tendrías que matarlo para que nos dejara en paz,&#8221; me dijiste. Tus dedos me bajaban el cierre, luego tus manos el pantalón. Pero esto quizá también tu lo recuerdas. Otra vez vuelvo a la nostalgia. El punto es que yo te dije, justo cuando me venía en tu boca y tu lengua me follaba hacia un segundo orgasmo, yo te dije &#8220;Dime lo que quieres que haga.&#8221; Me pediste que me corriera, esta vez alrededor de tus dedos. Entre jadeos, balbuceé, &#8220;Con tu marido, ¿que quieres que haga para que te vengas conmigo?&#8221; Tu plan era sencillo. Una pistola, un callejón, la cartera, el reloj para que pareciera asalto, luego la libertad. &#8220;Escríbelo,&#8221; me dijiste. Y yo, obediente, escribí lo que tu me dictaste.</p>
<p>Todo lo anterior lo conoces de sobra. Si no me diera por recordar las primeras frases, por desmenuzar la tarde en la azotea, por lamer el goteo de tu cuerpo llamando al mío&#8230; Si no me diera, hubiera empezado esta carta por aquí. Esta es la parte que aún no conoces de la historia. Una noche me advertiste: luz amarilla. Tu marido aún no salía para el aeropuerto. Me atrapó la curiosidad. Eso, la curiosidad del gato, y la noción de que yo no podía matar a un desconocido. Tenía que verle al menos el rostro una vez antes de tirar del gatillo. En lugar de demorar, como indicaba la señal amarilla, apreté el paso hacia tu casa. Él auto verde mayate aceleraba hacia la curva que desembocaría en la autopista. Sin más aviso o preámbulo, tanto para tu marido como para mi, salté en frente del auto. Creo que era lo único que se me ocurrió hacer en ese instante para poder verle el rostro antes de que tomara más velocidad. Fue una bobada, lo sé. Pero una bobada que mis veintidós años consideraban poéticamente necesaria para dar el otro paso o, más precisamente, el balazo. Me di cuenta de mi error cuando le vi de lleno el rostro, un rostro que se acercaba a casi cien kilómetros por hora, un rostro que se contrajo en un grito y de pronto giró hacia la izquierda. Tu marido dio un volantazo a último momento para ahorrarme el impacto de los casi cien kilómetros por hora. En cambio, los estampó en el poste de luz, dejando la calle en penumbra. Me acerqué por el lado el conductor, donde tu marido estaba inconsciente y doblado sobre el volante, con un pedazo de cristal clavado en el ojo derecho y un chorro de sangre que le partía el rostro en dos.</p>
<p>No sé si entiendas, o si te importe. A mi me importa explicar y por eso escribo esta última carta aunque me pediste que no te escribiera. No fue falta de amor o deseo por ti lo que me impidió matar a tu marido. Fue un simple acto de <em>quid pro quo</em>. Para él, yo era una extraña, un cuerpo que saltó delante de su parabrisas de entre las sombras. Pudo haber seguido de frente y salvarse. Pero viró, me ahorró el golpe a fuerza de tomarlo él. Era lo propio devolver el gesto noble. Aún a destiempo, más vale tarde, dicen. Tomé mi celular y llamé a una ambulancia. Después me fui para tu casa, como si nada. El teléfono timbró insistente mientras yo te decía que no podía matar a tu marido. No me preguntaste por qué. Yo no te dije por qué. Ahora te digo, pero entonces no, entonces tu rostro se cerraba, se cerró. De pronto volviste a ser la Scarlett inalcanzable, la que se paseaba por el Escocia a dos metros por encima de los demás. &#8220;Esperaba más de ti,&#8221; me dijiste. &#8220;Que lástima, me gustaba el juego. Ya sabes dónde está la puerta. Ahora tengo cosas que atender.&#8221; Avanzaste hacia el teléfono. Yo imaginaba que llamarían del hospital. Tomé mi mochila y salí corriendo.</p>
<p>Dos días después, me marcaste para pedirme una cita. O para ordenarme, porque tú rara vez pedías. Me contaste que tu marido estaba en el hospital. Que te disculpara por la reacción del otro día. &#8220;He recapacitado,&#8221; decías, &#8220;y me arrepiento de haberle deseado mal. Ahora lo encuentro indefenso en la sala de recuperación y doy gracias de que siga vivo. No puedo volver a verte, ¿entiendes? Quizá dentro de algunos años. No me busques, no me escribas. Cuando esto haya pasado, te escribiré.&#8221; Me diste un beso largo en los labios, te apartaste lento, me miraste a los ojos y pusiste un dedo sobre mi boca. Me tomó tan sólo una noche entender el significado de tu sonrisa al alejarte. Al siguiente día, el diario tenía mi fotografía y el contenido me inculpaba por la muerte de un hombre indefenso, un hombre que convalecía en el hospital después de una accidente automovilístico. Sobre su cadáver, la presunta asesina había dejado una nota. Era mi letra, eran las palabras que me habías dictado aquella tarde en la azotea: &#8220;Querida Scarlett, mataré a tu marido para que a cambio del sacrificio, tu puedas llegar a ser tan mía como yo soy tuya. Siempre, Sofía.&#8221;</p>
<p>Que irónico. Apuñalada por mi puño y letra. Jaque-mate.  Me imagino que fué sencillo,  ¿no? El tío tuerto seguro hasta estaba comatoso cuando le metiste aire en las venas. ¿O simplemente desconectaste el respirador? No me detuve a leer la noticia completa. Me amarré la bufanda de manera que me cubriera la mitad del rostro, me puse la capucha de la chaqueta y me alejé hacia el metro. Pensé que podría seguir indefinidamente con el rostro bajo un trapo, escondida hasta que los diarios pasaran a la hemeroteca y los gestos se me transfigurara en una mueca irreconocible. Pensé que el tiempo diluiría la amenaza que me representaba cada sombra, cada silbido, cada torreta, cada mano, cada voz, cada noche, cada día, cada hora.  Pero fracasé, nunca fui buena para las salidas. Mi especialidad era saltar presta a encontrarme de frente con los objetos que se movían demasiado aprisa. Cómo tu lengua, como tus dedos, como el auto de tu marido y ahora  esta pluma. Ya te habrás enterado que me entregué, que me declaré culpable después de dos años de tomar agua de los charcos y roer las sobras de los perros. Hay vidas que no son vida.  La mía se quedó a embriagarse aquella tarde en la azotea, con el vientre bajo la lluvia y las rosas floreciéndole alrededor del ombligo. Mañana me sentaré en una silla oxidada por las exangües vidas de otros que se apagaron antes de mi, me sentaré dispuesta a que me sacuda un espasmo de electricidad o los relámpagos de la tormenta, me quedaré quieta o convulsa hasta que se queme el último retazo de rojo que aún sobreviva en mi memoria. Sólo me resta decir: buena jugada la tuya. Espero que esta carta te encuentre bien.</p>
<p>Siempre,<br />
Sofía</p>
<p><a href="http://www.flickr.com/photos/blogsiana/735491900/" title="Photo Sharing"><img src="http://farm2.static.flickr.com/1379/735491900_4423cd604d.jpg" alt="Rita Ackermann" border="0" height="500" width="397" /></a></p>
<p>imagen por <a href="http://www.andrearosengallery.com/artists/rita-ackermann/" title="Rita Ackermann" target="_blank">Rita Ackermann </a></p>
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		<title>El ruido de furias gobernatas</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Oct 2006 16:27:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>blogsiana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soñé que era otra]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora que soy oficialmente desempleada (si, he renunciado a mi frustrante trabajo de oficina), he tomado Diez Billones de Cuentos del blog de Ahasvero y he retorcido las frases en este relato (no es lo que Ahasvero pedía exactamente, pero que más da):
Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=blogsiana.wordpress.com&blog=617288&post=55&subd=blogsiana&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><blockquote><p><em>Ahora que soy oficialmente desempleada (si, he renunciado a mi frustrante trabajo de oficina), he tomado <a href="http://www.sky4you.org/wordpress/2006/10/27/diez-billones-de-cuentos/" target="_blank" title="Diez Billones de Cuentos">Diez Billones de Cuentos del blog de Ahasvero</a> y he retorcido las frases en este relato (no es lo que Ahasvero pedía exactamente, pero que más da):</em></p></blockquote>
<p>Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban &#8220;¡homosexuales!&#8221;, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a <em>la Iglesia de Cristo</em>. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: &#8220;<em>Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí</em> y forjaréis espíritus indomables&#8221;. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, <em>un miasmático señor</em>, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.</p>
<p>Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió <em>dibujando en la pared con maestría</em>. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, &#8220;<em>Nos quedaremos sordos</em>.&#8221; Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y <em>le explicó lo que estaba pasando</em>. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique <em>estaba manchado de sangre</em>. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.</p>
<p>- Vé con tus papás, Ana. &#8211; me dijo suavemente al oído y a Enrique <em>lo llevó al pozo para lavarlo</em>.</p>
<p>El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. <em>Aquel día tuvo un sueño revelador</em>. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara <em>le dio una palmada y despertó sobresaltado</em> al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.</p>
<p>A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra <em>se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa</em> y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra <em>no le gustaban los niños</em>, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.</p>
<p><em>- Lo sentimos, pero hay que obedecer, &#8211; decía</em> la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.</p>
<p>Sara murmuró en respuesta, &#8220;<em>Si todas las hormigas se ponen a cantar</em>&#8230;.&#8221;</p>
<p>- ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.</p>
<p>- Que todas las reglas se deben acatar, &#8211; respondió.</p>
<p>La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. <em>Aquello le recordó el brillo de las estrellas</em> y me abrazó contra su pecho. &#8220;Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,&#8221; me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y <em>las frutas maduras cayeron al suelo</em>. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. <em>Después de adentrarse profundamente</em> en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. &#8220;Mejor tú que la madrastra,&#8221; decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.</p>
<p>Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.</p>
<p>- Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, &#8211; me aseguró.</p>
<p>Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. <em>Mientras ellas permanecían paralizadas</em> por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. <em>El viento soplaba sobre el lago.</em> Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, <em>subió al bote y remó durante horas</em>. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.</p>
<p><em>- Este amuleto es perfecto &#8211; exclamó sonriente</em> al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. &#8211; Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!</p>
<p>Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.</p>
<p>- <em>No le cabe la polla entre sus dientes de conejo</em>, &#8211; se rió a carcajadas.</p>
<p>Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. <em>Estaban como locos</em>. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, <em>pero ellos continuaban sin parar</em>. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: &#8220;<em>Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.</em>&#8220;</p>
<p>Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta <em>pensó, &#8220;Aquí se puede descansar.&#8221;</em> La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.</p>
<p>- ¿Y las señoras? &#8211; preguntó Sara.</p>
<p><em>- Ya se han marchado, &#8211; dijo</em> mi madre.</p>
<p>Así transcurrió <em>un día, el más largo del verano.</em></p>
<p><a href="http://www.flickr.com/photos/blogsiana/214495883/" title="FuckKill by blogsiana, on Flickr"><img src="http://farm1.static.flickr.com/70/214495883_279a7d6756.jpg" width="500" height="343" alt="FuckKill" /></a><br />
foto source: <a href="http://everydayilive.com/everyday/pages/FuckKill.html" title="I kill I fuck" target="_blank">Every Day I Live </a></p>
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		<title>De Indias y Vaqueras</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jan 2006 19:10:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>blogsiana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soñé que era otra]]></category>

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		<description><![CDATA[
Susan, perdida en su arrebato, penetra a Áida como si la morena fuera un  pedazo de carne cruda. Áida cabalga los tres dedos de Susan, acercándose al clímax, su cuerpo se convulsiona y se abraza a los hombros de la vaquera. Áida suspira y se dispone a relajarse, pero la rubia no le da [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=blogsiana.wordpress.com&blog=617288&post=34&subd=blogsiana&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><a href="http://www.monicacomic.com" title="Monica Comic" target="_blank"><img src="http://static.flickr.com/62/202020888_12e5a13a84_m.jpg" alt="Monica Comic" align="left" /></a></p>
<p>Susan, perdida en su arrebato, penetra a Áida como si la morena fuera un  pedazo de carne cruda. Áida cabalga los tres dedos de Susan, acercándose al clímax, su cuerpo se convulsiona y se abraza a los hombros de la vaquera. Áida suspira y se dispone a relajarse, pero la rubia no le da tregua.</p>
<p>- ¡Ponte en cuatro! &#8211; ordena Susan.</p>
<p>Áida obedece, por su entrepierna  el hilillo sedoso de su orgasmo resbala hacia su rodilla. Susan le separa las nalgas con las manos y Áida escucha el crujido característico de los paquetes de condones. El dildo de Susan tiene 2 pulgadas de ancho y Áida se sonroja con anticipación y miedo al sentir la punta contra su vagina. Cierra los ojos esperando la embestida brutal, pero Susan sólo presiona la punta suavemente, sin entrar. La morena gime y levanta aún más el trasero, suplicante.</p>
<p>- ¿Lo quieres, perrita? &#8211; pregunta Susan.</p>
<p>- Dámelo todo&#8230; por favor&#8230;</p>
<p>Susan toma a Áida por el cabello y le jala el rostro hacia atrás, obligándola a arquear la espalda y exponer el cuello a su mordida. Áida grita. No está segura si es por los dientes de Susan o por el inmenso falo que la abre hacia el éxtasis. Susan le arranca el taparrabos y lo usa para latiguearle la espalda. Líneas moradas surcan la espalda de Áida y Susan se inclina para lamerlas. Sus senos descansan con pezones erguidos sobre la piel sudada de Áida. Su monte de Venus, presionado firmemente por el dildo que arremete las nalgas de Áida la lleva  a un orgasmo inesperado. Deja escapar un gemido y encaja las uñas en el vientre de Áida, llevándola también a una explosión de placer.</p>
<p>Las dos mujeres se mantienen abrazadas a la luz de la fogata, formando una luna creciente en blanco y rojo. La noche avanza lenta pero tenaz, como un animal en caravana. Áida saluda el día con Susan todavía firme en su interior.</p>
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